Es la pregunta que más nos hacen en la primera reunión: ¿cuánto tengo que invertir en publicidad? Y casi siempre viene acompañada de una referencia ajena —lo que gasta un competidor, lo que le dijeron a un amigo, una cifra que salió en un video.
Esa referencia no sirve, y vale la pena entender por qué antes de mirar cualquier número.
La pregunta está mal hecha
Un negocio que vende un servicio de RD$80,000 al mes y otro que vende un producto de RD$1,200 pueden gastar lo mismo en anuncios y tener resultados opuestos. No porque uno sepa más de publicidad, sino porque cada uno puede pagar cosas muy distintas por conseguir un cliente.
La pregunta útil no es cuánto invertir. Es esta:
¿Cuánto puedo pagar por un cliente nuevo y seguir ganando dinero?
Cuando tienes ese número, el presupuesto deja de ser una apuesta y pasa a ser una consecuencia. Si puedes pagar RD$3,000 por cliente y quieres diez clientes nuevos al mes, ya sabes por dónde empezar.
Los tres números que necesitas
No hacen falta veinte métricas. Hacen falta tres, y la mayoría de los negocios dominicanos que llegan a nosotros solo tiene uno.
- Ticket promedio. Cuánto factura una venta típica. No la mejor ni la peor: la del medio.
- Margen. De ese ticket, cuánto queda después de pagar producto, personal y operación. Un restaurante y una consultora pueden facturar igual y tener márgenes que se diferencian en cuatro veces.
- Cuántas veces te compra. El número que casi nadie tiene, y el que más cambia la cuenta. Si un cliente compra una vez, tu margen es lo que hay. Si compra cada mes durante ocho meses, tu margen real es ocho veces mayor.
Salón de belleza. Ticket promedio RD$2,500, margen del 60 % → RD$1,500 por visita. Una clienta que se queda vuelve unas seis veces al año → RD$9,000 de margen anual. Si pagas RD$1,500 por conseguir esa clienta, recuperas la inversión en la primera visita y las otras cinco son ganancia. Ese negocio puede invertir con tranquilidad.
Mismo salón, pero midiendo solo la primera visita: RD$1,500 de margen contra RD$1,500 de costo de adquisición da cero. Es el mismo negocio, la misma campaña y la misma clienta. Lo único que cambió fue el número con el que se hizo la cuenta.
Por eso insistimos tanto con la tercera cifra. Sin ella, casi todas las campañas parecen malas.
El mínimo por debajo del cual no aprendes
Hay un piso técnico que no depende de tu negocio sino de cómo funciona la plataforma. Meta necesita acumular resultados para entender a quién mostrarle tus anuncios. Con muy poco presupuesto, el sistema nunca sale de la fase de aprendizaje y tú nunca sabes si el problema fue el anuncio, la audiencia o la oferta.
Nuestra regla práctica: si el presupuesto diario no alcanza para conseguir al menos un resultado al día del tipo que estás optimizando, no estás haciendo publicidad, estás comprando ruido. Un mes entero con RD$300 al día repartidos en cinco campañas distintas produce cinco campañas que no aprendieron nada.
Es preferible una sola campaña bien financiada que cinco a medias. Esto va contra el instinto de repartir para "no poner todos los huevos en una canasta", pero en pauta digital repartir de más es la forma más rápida de no aprender nada.
Cuánto según tu tipo de negocio
Con lo anterior en la mano, esto es lo que vemos que tiene sentido en el mercado dominicano. Son puntos de partida para calcular, no tarifas.
- Negocio local con visita física (restaurante, salón, clínica, gimnasio). El cliente vive cerca y vuelve. La audiencia es pequeña por definición geográfica, así que el gasto se satura rápido: pasado cierto punto, más presupuesto solo repite los mismos anuncios a la misma gente. Aquí importa más la frecuencia y la oferta que el monto.
- Servicio de ticket alto (consultoría, servicios profesionales, B2B). Pocas ventas, cada una vale mucho. Puedes pagar bastante por un contacto calificado, pero necesitas paciencia: el ciclo entre el primer clic y la firma se mide en semanas, no en horas. Presupuestos pequeños con expectativas de venta inmediata es la combinación que más frustración genera en esta categoría.
- Tienda o e-commerce. Es donde la cuenta es más directa, porque la venta ocurre en un sitio que puedes medir. También donde el margen manda: con 20 % de margen no puedes pagar lo mismo por una venta que con 60 %.
- Marca en lanzamiento. Todavía no tienes ticket promedio ni recurrencia. Aquí el primer presupuesto no compra ventas, compra información: qué mensaje engancha, qué público responde, qué producto pide la gente. Tratar esa etapa como si fuera de rentabilidad lleva a apagar campañas justo cuando empezaban a enseñar algo.
Cómo repartir lo que inviertes
Definido el monto, queda repartirlo. Nuestro punto de partida, que después se ajusta con datos reales de la cuenta:
- La mayor parte a lo que ya funciona. Si un anuncio trae clientes a un costo que te sirve, ahí va el grueso.
- Una porción fija a probar. Creativos nuevos, ángulos nuevos, públicos nuevos. Sin esta parte, el día que se canse el anuncio ganador te quedas sin nada listo para sustituirlo.
- Una porción a quien ya te conoce. Los que visitaron tu web o vieron tu video son los más baratos de convertir, y casi siempre los más desatendidos.
La proporción exacta depende de la madurez de la cuenta. Una cuenta nueva prueba mucho más; una cuenta con dos años de historial y creativos validados prueba menos y escala más.
Tres errores que vemos siempre
- Cambiar el presupuesto todos los días. Cada cambio importante reinicia el aprendizaje de la campaña. Subir y bajar según el ánimo del día mantiene la cuenta en aprendizaje permanente, que es el estado en el que peor rinde.
- Juzgar una campaña en 48 horas. Los primeros días son los más caros y los menos representativos. Apagar ahí es apagar antes de tener el dato.
- Invertir en pauta con el destino roto. Si los anuncios llevan a un WhatsApp que nadie contesta hasta el otro día, o a una página que tarda seis segundos en cargar, el problema no se arregla con más presupuesto. Se multiplica.
Ese tercer punto es el más caro de los tres y el que menos se revisa. Antes de subir el presupuesto de una campaña, vale la pena escribirle a tu propio negocio como si fueras un cliente y cronometrar cuánto tardas en recibir respuesta.
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