El reto
El nombre ya trae la tensión resuelta —santo y pecado en dos palabras— y ese es justo el problema: lo fácil es ilustrarlo al pie de la letra con iconografía religiosa, que en este mercado es a la vez un lugar común y un riesgo de que se lea como burla en vez de como juego. Y hay una segunda exigencia: la marca de un bar no vive en una portada, vive en una servilleta, en un vaso, en un rótulo y en una historia de Instagram. Tenía que aguantar en todos esos tamaños.
La solución
El símbolo es un santo que no está rezando: una figura de trazo fino con los brazos en alto y una copa en la mano. Ese solo gesto sostiene las dos mitades del nombre sin explicar nada. Alrededor va un sello circular con la promesa de marca, «crafted with spirit, served with soul», donde la palabra «spirit» vale por el licor y por el espíritu a la vez. La paleta se aparta del negro y dorado de bar: oliva, terracota, mostaza y crema, que son colores de interior. Y para que una pieza se reconozca sin que aparezca el logotipo, el sistema entrega un patrón de monograma y un juego de iconos místicos de trazo —mano, frasco, vela y sol con ojo— que hacen el trabajo de identificar.
Lo que se entregó
- Símbolo y logotipo con el descriptor «bar»
- Sello circular con la promesa de marca
- Patrón de monograma
- Tres familias tipográficas: display, texto y firma
- Juego de iconos místicos de trazo
- Paleta y tratamiento fotográfico
